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martes, 24 de febrero de 2009

::¡de los dos, uno! le tocó a él::

Joaquín Dicenta interpreta a su Juan José junto a la Badillo como Rosa
Teatro Real de Madrid, diciembre de 1910

Más sobre esta representación única del inmortal drama social aquí.


lunes, 23 de febrero de 2009

::y por fin... juan josé::

Llegó, pisó fuerte, nos arrancó el corazón para apretarlo y dejarnos sin aliento con un tornado de la mejor música teatral y un ciclón de lirismo retrechero. Dicenta es Dicenta y Sorozábal es Sorozábal, cada cual a lo suyo aunque juntos en pos de la poética del andamio y de las pasiones extremas. Si la obra teatral original hoy resultaría casi inaceptable sobre las tablas (al fin y al cabo la justificación del crimen del “la maté porque la quería”) la ópera de maestro euskaldún clama a gritos por una puesta en escena. No hubo un Pierrot Lunaire sin La espera y no ha habido un Juan José sin Adiós a la bohemia. ¿Culmen de una carrera? No es eso. La carrera de Sorozábal fue el camino de un genio florecido de obras maestras cada una en su género y en su estilo (Katiuska, La tabernera, La eterna canción…). Juan José es, en definitiva, ejemplo de lo que pudo haber llegado a ser el drama lírico popular español si nuestra desastrosa historia contemporánea lo hubiera permitido. A mí que no me hablen de cánones y en empeños yermos por buscar "la mejor obra de". Superada la barrera de los años esta ópera se sitúa en el puesto que se merece por sus propios méritos, justos e indiscutibles.

¿Cómo es la música de Juan José? Quizá con una única escucha no sea suficiente, pero algunas pistas ya podemos adivinar. Ante todo el declamado, cuidadísimo, una prosa de filigrana en la acentuación de las palabras que favorecía un diálogo continuo, fluido y moderno. Es el rasgo estilístico que más mira hacia el Sorozábal de los años 30, el de Adiós a la bohemia o La tabernera del puerto. Junto a él una disonancia que ya se estructura y sistematiza, que agita al sentido del oído acompañada en ocasiones de la danza popular madrileña (el chotis, la mazurca, la habanera) que se abstrae y esencializa en el discurso de manera muy sugerente, a veces irónico (¿influencia de Stravinsky?) y a veces con la nostalgia del Madrid barojiano de Las noches del Buen Retiro. Brillantísimos resultan en este sentido el dúo-chotis entre Rosa y Paco en el acto I, el racconto-mazurca de Andrés en el acto II o el dúo-habanera entre Juan José y Cano en el tercero. En el reto entre los protagonistas (final del actoI) un amenazante pasodoble en la cuerda grave atemoriza al más plantao, mientras que la flamenca malagueña y la petenera dan sentido y aroma a las escenas de la taberna.

La magia del teatro lírico permite que dos personajes como el Paco y la Isidra sean entendidos de manera muy distinta respecto al original de Dicenta. Sorozábal ha pintado a un Paco chulo pero sentido, de bronce y con alma, no ese mezquino explotador que plantea el dramaturgo maño. La Isidra, por su parte, resulta rotunda en su ritmo de malagueña y cadencia frigia que nos habla de centurias de mala intención y brujería. Pero no todo es aguafuerte y tonos sepias, en el Madrid finisecular angustiado en sus miseria de Juan José, también hay momento para el lirismo y para el canto ancho. En este sentido no podemos dejar de citar los dúos, el ya citado de Rosa y Paco y el gélido y dolido del segundo acto entre los protagonistas. Rosa tiene su momento de expansión cantable en su diálogo con Toñuela e Isidra al comienzo del acto de la guardilla y sería pecado si no citásemos el inolvidable momento de la lectura de la carta y el monólogo consecuente de Juan José.

Y es que el tercer acto es una auténtica gozada, no exagero la nota. La escena de la cárcel Modelo y la del crimen han dejado petrificado a un auditorio que no ha resistido bien la embestida gris del segundo acto, he observado deserciones… ¡ellos se lo han perdido! En cualquier caso el asunto no queda aquí: Juan José debe ser montado. Entre el respetable no he visto ni a A. Moral del Real ni a L. Olmos de la Zarzuela… Esa sí que es una mala noticia. Mucha juventud sí que estábamos presentes, lo que se merece una obra como ésta, y lo más emocionante... el aplauso a la partitura del maestro. Ha sido la clave, el momento de justa memoria que se merecía en su Madrid aquel que cantase en tantas ocasiones y de nuevo en Juan José. Es el momento de decirle por mi parte: “¡Gracias, maestro!”.

P.d.: sobre la interpretación artística no quiero dejar de valorar la parte de Ana María Sánchez que, sencillamente, ha dejado muy pequeños a sus compañeros. Manuel Lanza ha echado la carne en el asador en el último acto conmoviéndonos, mientras que la Orquesta Sinfónica de Musikene las ha “dado todas” con precisión y arrojo. Felicidades a ellos.



Caricatura de J. Dicenta por Cilla en Madrid Cómico
(9-XI-1895)



domingo, 22 de febrero de 2009

::estreno mundial del juan josé de sorozábal::

Sí, es cierto que se estrenó el sábado en San Sebastián, pero mañana será el gran día en Madrid. Cuarenta años después se va a estrenar por fin Juan José en Madrid, la ciudad que Sorozábal conoció y amó como ninguno de su generación en La del Manojo de Rosas, Adiós a la bohemia, La eterna canción, etc. Obras humanas y llenas de verdad. Obras con la mejor música teatral que nunca se pudo esperar de un músico de su género.

Ya veremos qué tal Juan José, no tengo ningún miedo en estar ya casi seguro de que me conmoverá. Lo primero porque amo la música, lo segundo porque soy joven -y hay que ser joven de espíritu para disfrutar y amar- y lo tercero porque tengo fé en Sorozábal, el músico humano, porque leyendo sus memorias uno se da cuenta de que dice verdades como puños, como son las cosas.

Si Juan José no la hemos escuchado todavía no es en absoluto porque sea una obra mala, mediana o pasable, sino porque vivimos en un país donde durante cuarenta años se demolió el edificio de la lírica española prostituyendo la zarzuela y no dejando lugar alguno a la creación de autor, la creación libre de un hombre como Sorozábal, que dijo claro y sin miedo que Jacinto Guerrero -por mucho que me gusta La fama del tartanero- era un analfabeto musical (¡y fue nombrado presidente de la S.A.E.!) y de que F. Moreno Torroba era un solemne canalla que maquinó el fiasco de estreno de La tabernera del puerto en Madrid y que pudo estar detrás de todas las confabulaciones contra Sorozábal en la posguerra y depuración de Autores. Así somos en España.

En la Transición -y quizá hoy- seguimos teniendo en nuestro Congreso a muchos perros de aquella aunque con distintos collares: la música es un "cerdo" a la izquierda, un bonito ornamento, y el arte lírico es un último mono -no, no es la zarzuela de Oudrid- que sólo sirve para pavonearse en el Teatro Real o del Liceu, o para creerse aún de solera y bronce al acudir a la Zarzuela. En países como Hungría, Polonia o Alemania deberíamos mirarnos para avergonzarnos viendo cómo una nación musical como la nuestra, con un patrimonio musical como el hispano, lo cuida tán poco y lo llega a tirar por tierra en ocasiones. En el Real nos gastamos todos los españoles una millonada para estrenar Faust-bal de L. Balada (y ojo, que me ha gustado), mientras que Juan José se va a estrenar en concierto, en el Auditorio Nacional, y por una orquesta de estudiantes, con el respeto del que lo es.

En fin. Con muchos años de retraso llega este Juan José... la verdad es que ya poco o nada me importa si es la obra cumbre o no de su autor, siempre fui enemigo de los cánones y me río de quienes los imponen o que se ponen a pensar en todo estreno "esto me recuerda a fulano o mengano". Me importa este estreno por lo que significa y porque será un día que sé que recordaré toda mi vida. Estamos todos invitados -¡obligados!- a ello.

Más información aquí.