lunes, 7 de enero de 2008

::el regalo de un sueño::

La Sirenita marcó un hito para muchos chavales nacidos en los primeros años 80. Nada parecido habíamos visto antes en el cine... y nada parecido después de ella. Sí, La Bella y la Bestia, Aladdin, El rey león o El jorobado de Notre Dame son magníficas e inolvidables. Todas tienen cosas buenas... pero mi preferida es La Sirenita. Hay en ella tantas cosas geniales:

-El comienzo, con esa niebla que apenas deja ver el color de los delfines y gaviotas. Nunca vimos una niebla mejor coloreada.
-Secundarios inolvidables en la mejor tradición Disney como Sebastián (¡gran guiño a J. Sebastian Bach!) una gaviota Scuttle maravillosamente tarada ("¡wow, qué rápido nadas!") o el atildado y miedica Flounder ("luego la gaviota cosas nosequé nosecuánto".) El cocinero, el mayordomo de Eric, ¡hasta el perro Max me gusta!
-Una villana maravillosa... Úrsula, que es una Divine para niños y sus anguilas secuaces. ¿Cómo no recordar su escena del pacto con Ariel, las burbujas de su caverna (desde La Cenicienta no las hubo iguales) o su secuencia final como gigantesca reina de los mares...?

Habría mil cosas más a recordar de esta película... pero si algo queda cuando la vemos es su música, compuesta por Alan Menken y con letras de Howard Ashman. Es sencillamente perfecta con detalles geniales, como esos acordes de quintas paralelas obsesivos que nos remiten al mundo oceánico de Debussy y su Catedral sumergida (por ejemplo, justo cuando en los títulos de créditos sale el letrero de "The little mermaid".)

La parte instrumental de la obra entrelaza temas y les dota de un significado dramático subsumido en nuestro tímpano más allá de lo que nuestra retina adivina. Es un recurso muy post-romántico, que algo tiene de Wagner pero, sobre todo, de la lección de ese genio teatral llamado Puccini y que tanto daño -¡positivo!- ocasionó para la historia de la música teatral.

La perversión de un personaje de Úrsula está clara desde su primera escena ("Corre princesita") con ese acompañamiento obsesivo de fox lento, cabaretero y muy a lo Mamma en Chicago de John Kander... de hecho la canción de Mamma y la de Úrsula están escritas en igual ritmo y con la misma intención: convencernos de que ellas serán buenas con nosotros si nosotros somos buenas con ellas y les damos lo que quieren. Es ese tiempo con el que también abrirá Cabaret en "Willkommen"... y es que la caverna de la bruja del mar, con esa caracola-chaise longue y su tocador lleno de maquillaje, tiene mucho de berlinés, de pervertido y de socialmente peligroso.

Úrsula, como Ariel, reta a la norma. La diferencia es que el rey del mar es padre de Ariel y al final puede más el corazón que la ley ("la voy a echar tanto de menos...") Úrsula fue desterrada, humillada... y muerta de hambre, ¡pero menos mal! De no haber sido así nos hubiéramos quedado sin una de las mejores "malas" de película Disney de todos los tiempos, desde la reina en Blancanieves -una Joan Crawford tan bella como maligna- o la madrastra de Cenicienta, inspirada cláramente en el ama de llaves de Rebecca de Hitchcock. Su homólogo masculino, pero con menos fuerza, sería el Hades de Hércules, con ese puntito irónico y no salvajemente visceral como Scar (El rey león) o Frollo (El jorobado de Notre Dame.)

Para ir terminando diré que la canción "Part of that world", la balada que canta Ariel en su refugio, es posiblemente una de las canciones más emocionantes de todas las películas Disney. Es el momento de reflexión imprescindible en el que el protagonista de un musical se detiene y dice "yo quiero llevar otro tipo de vida, quiero salir de este mundo". Y de ésto saben mucho en Broadway: ahí tenemos a María en su salida del convento en Sonrisas y lágrimas, el blues "Maybe this time" para la protagonista en Cabaret o "Roxie" en Chicago. Canciones de sueños casi todos con final feliz.

"Part of that world" sigue siendo una de las canciones más recordadas de los clásicos Disney y a mí me gusta especialmente cuando adquiere un significado casi heroico al reaparecer en la escena de Ariel en la playa sobre el príncipe Eric. El uso de la luz solar coloreada, las olas, el viento... la afirmación en sus sueños cuando afirma "I don´t know when, I don´t know how, but I know something starting right now [...] Someday I´ll be part of that world ". Nos sigue poniendo la piel de gallina aunque ni estemos prestando atención a la película, sino simplemente intentando dormir a nuestro sobrino de turno.

Guiños a la canción francesa a lo Maurice Chevalier con la canción del cocinero "Les poissons", o al calipso caribeño en "Bajo el mar", secuencia con influencias de la grande-revue y el Broadway clásico y que marcó un estilo continuado con "Qué festín" de La Bella y la Bestia -muy mal copiada en "Un tipo así" de El jorobado-, "No hay un genio tan genial" en Aladdin, "Yo voy a ser el rey león", "Mi última esperanza" de Hércules etc.

Creo que no me dejo nada... Sólo recomendaros que volvaís a ver La Sirenita, que volvaís a soñar, que la entendaís con otros ojos, o mejor dicho, con otros oídos, intentando escuchar la historia que Alan Menken nos quiso contar -aunque su obra maestra en este sentido, siempre lo diré, fue Pocahontas-. Siempre echaremos de menos un final más poético, más "para mayores", más cercano al original de Andersen, en el que Ariel, por no hacer daño al príncipe se convertirá en viento y volará eternamente en lugar de convertirse, como todas las sirenas al morir, en espuma.

Este post se lo dedico a mis amigos Javi y Jacobo. Muchas gracias.



Part of that world...


4 comentarios:

Jacobo dijo...

Qué maravillosa película! Qué maravillosos personajes! Qué maravillosa música! Qué maravillosa villana! Adoro esta película y me gusta compartir este gusto contigo. Gracias por dedicarme este post, no podías a verme dedicado otro mejor. Gracias.

Javier dijo...

Oh kiki, que delicia de post, da gusto el comentarlo.

Te diré que a mi ya de niño Disney no me gustaba, pero con la sirenita vi que no era una más del montón, que era otra cosa... pero lo que no puede ser no puede ser, y nada más ver a Ursula se me revolvió el estomago, la idea de una mujer pulpo fue demasiado perversa para mi joven mente, y aborrecí la película con todo mi corazón, aunque luego mi madre la trajo a casa y la ví varias veces por la tarde mientras merendaba, como se ven esas cosas asquerosas, que se ven solo para que te asqueen.

En fin, que me podría haber reenganchado a Disney y ser un niño de lo más normalito, pero el hibrido de la odalisca con el cefalópodo pudo conmigo.

Anónimo dijo...

En efecto "La sirenita" es una película mágica. Un prodigo de animación y de color, de musica y humor. Sensibilidad.
Un saludo

Juliette dijo...

Yo nací en los 90, y esa fue mi primer película (la tengo que comprar otra vez poruqe ya ni se puede ver de tantas veces que la revoviné para volverla a ver).
Es la mejor película de Disney, lejos. La amo.